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En solidaridad con Ernesto Cardenal

Escritores de todo el mundo se han solidarizado con el poeta Ernesto Cardenal, a quien la justicia nicaragüense le ha notificado que debe pagar ochocientos mil dólares por supuestos daños y perjuicios por una disputa relacionada con unos terrenos localizados en la isla Solentimane. Consideran que la demanda es fruto de una persecución política del gobierno de Daniel Ortega, con quien el poeta se ha mostrado crítico en numerosas ocasiones.

Jueves, 16 de febrero de 2017

Escritores como Sergio Ramírez se han pronunciado sobre el caso afirmando que a Cardenal, “el poeta más grande de Nicaragua y uno de los grandes innovadores de la lengua española, el poder quiere humillarlo y dejarlo en la calle”. 

La poetisa Gioconda Belli, por su parte, ha apoyado a Cardenal con estas palabras: "Quiero mandarle un abrazo a Ernesto Cardenal, nuestro gran poeta, un poeta esencial que no merece más que amor".

Ernesto Cardenal es uno de los más destacados representantes de la teología de la liberación, pero sobre todo un hombre comprometido en la lucha contra las injusticias en América Latina. “Mi poesía tiene un compromiso social y político, mejor dicho, revolucionario. He sido poeta, sacerdote y revolucionario. He utilizado la poesía para llevar mi mensaje social, revolucionario”, dijo el poeta en 2012, cuando fue galardonado con el Premio Iberoamericano de Poesía Reina Sofía.

Es, además, uno de nuestros autores más respetados en Trotta, por lo que nos solidarizamos desde aquí con su situación y esperamos que se resuelva lo antes posible.

 

Reproducimos a continuación la carta abierta que el escritor, guionista y periodista uruguayo Fernando Butazzoni dirige a Daniel Ortega en relación a este tema: 

 

Montevideo, 12 de febrero de 2017 

 

Daniel: ¿Te acordás cuando me dijiste, allá en el Chipote, que admirabas a Ernesto Cardenal y que él era una gloria de Nicaragua? En aquel momento todos estábamos felices porque el Chipote, en el mismo corazón de Managua, ya no era un lugar siniestro. Estaba por fin lleno de luz, de muchachos y muchachas que no tenían miedo. Hasta las aguas de la laguna de Tiscapa parecían menos oscuras. 

Eso fue por agosto o septiembre de 1979, cuando la revolución recién empezaba. Aquella tarde viniste al campamento con Javier Pichardo, el Emilio del Frente Sur, y con otros compañeros comandantes. También estaba el flaco Alejandro, y estaba la China a mi lado, un poco asustada, y estaba el Braulio, que después fue embajador, y la hermana de Marisol que parecía una niña disfrazada de soldado. ¿Te acordás? 

Luego resultó que tu admiración por el poeta Ernesto Cardenal se convirtió en odio y persecución. Y ahora, casi cuarenta años después, vos y tu mujer siguen ensañados con él, y con trapisondas legales lo quieren humillar sacándole los pocos reales que pueda tener, confiscándole la casa donde vive y dejándolo en la calle. Por cierto que él es un opositor a tu gobierno, pero la revolución sandinista se hizo también para eso: para que los opositores no tuvieran que andar escondidos, para que no los persiguieran ni los torturaran allí, justo allí, en El Chipote donde vos habías estado preso. Vos dijiste que la revolución se hizo para la libertad. ¿Qué pasó, Daniel? ¿Te olvidaste de todo aquello? 

En 1979 vos y yo éramos jóvenes. El flaco Alejandro, la China y el Braulio también. Pero Cardenal ya era un cincuentón de barba blanca, un cura flaquito y siempre tímido. Él ya era un patrimonio nacional. Por eso lo nombraste ministro de Cultura, porque su prestigio engalanaba tu gobierno.

Hoy él es un anciano de 92 años, y es un patrimonio del idioma y de toda América Latina. Tiene mucho más prestigio ahora que en 1979. A vos, Daniel, no te pasa lo mismo, aunque tenés mucho más poder y mucha más plata que en aquel entonces. Él es un cura decente, pobre y revolucionario, admirado en todo el mundo. Vos sos apenas un reyezuelo atrapado en su palacio, dizque casi un príncipe consorte. 

Todos sabemos que bastaría un gesto emanado de tu corte para que cesen los acosos y el encarnizamiento contra Ernesto Cardenal. Somos miles los escritores y artistas que, en todo el mundo, te exigimos desde hace años que dejes en paz al poeta. Muchos piensan que reclamártelo una vez más es un gesto inútil. En todo caso es un gesto de dignidad que bien merece el pueblo de Nicaragua. Te pido que lo consideres. 

Sé que una carta abierta es un método de comunicación bastante reprobable. Pero en este caso es la única manera de intentarlo, ya que tu embajador en Montevideo, el hijo de Licio Gelli, no me merece ninguna confianza, y allá en tu palacio me tienen prohibida la entrada. 

 

Fernando Butazzoni

(ex combatiente del FSLN, ex oficial del Ejército Popular Sandinista)

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