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La capacidad de imaginar que otra sociedad es posible

benjamín tejerina - 23 de marzo de 2011

Los acontecimientos que se vienen produciendo desde hace unos meses en varios países del norte de África, parecen haber sido el resultado del contagio de un deseo de democratización de sociedades gobernadas por «líderes» que más que satisfacer las necesidades de sus ciudadanos se dedicaban a mantenerse en el poder para poder continuar ejerciendo una dominación tiránica. La rápida caída de los gobiernos en Túnez y Egipto, se ha visto ensombrecida por los baños de sangre desencadenados en Libia, Yemen o Bahréin.

En estos casos y en otros donde se han producido movilizaciones, pero de cuyo alcance no disponemos de información suficiente para realizar un balance (Palestina, Siria, Arabia Saudí), así como en aquellos países en los que se han adoptado medidas económicas y reformas políticas para contener la protesta, el desencadenante ha sido una sociedad civil cansada de ver cómo las promesas de bienestar y desarrollo se veían postergadas indefinidamente.

La sensación, aunque placentera por las transformaciones, es ciertamente compleja. Pues si, por un lado, se están produciendo cambios necesarios, por otro, parecen estar produciéndose de manera improvisada y poco consensuada con sus impulsores. Una vez más se pone de manifiesto la necesidad de recurrir a la sociedad civil más organizada, a las asociaciones y organizaciones sociales y políticas para encaminar los deseos de cambio. Porque de deseos de cambio se trata, así como de cansancio y hastío frente a las promesas incumplidas. Es probable que un cierto grado de frustración, mezclado con una dosis de desencanto, frente a la promesa de un futuro mejor pero cuya consecución se alejaba cada día más en un futuro lleno de incertidumbre, haya posibilitado la expresión repentina en forma de acción de protesta de esas ansias de justicia social reprimidas.

Por lo que hemos podido ver y escuchar, la solidaridad con aquellos que eran objeto de una represión orientada a silenciar sus voces y reivindicaciones, ha movilizado a numerosos sectores sociales que en otra situación se habrían mantenido al margen. Este encuentro con unas autoridades injustas, que utilizan, además, métodos coactivos considerados ilegítimos, ha servido de impulso para una participación amplia y plural en las protestas.

Como han señalado numerosos analistas, la generación joven está jugado un papel importante en estas movilizaciones, quizás por ser quienes habiendo tenido acceso a niveles educativos y de formación superiores al de generaciones precedentes, veían peligrar una posible trayectoria de mejora y ascenso social. Mejora que en muchos casos sólo es/era pensable emprendiendo el camino de la migración.

Esta mezcla de reivindicaciones de mayor igualdad social en sociedades fuertemente segmentadas económicamente, y de democratización de instituciones con serios déficits de modernización política, alimentan las movilizaciones de estos países, y esperemos que su ejemplo se propague a otras latitudes. Pero nada de esto se habría producido sin la capacidad de imaginar que otra sociedad es posible, y que depende de todos que se haga realidad.

La historia reciente de los movimientos sociales en España y su impacto en el cambio cultural así lo atestiguan. Las reivindicaciones de las asociaciones de barrios degradados por un crecimiento urbano rápido, especulativo y descuidado que emergen en los años 70 del siglo pasado; las movilizaciones antinucleares frente a la imposición política de este tipo de instalaciones sin respetar siquiera, en muchos casos, la legislación vigente en el tardofranquismo; las demandas de equidad de género y acceso a la planificación de la reproducción, a la plena autonomía individual alimentaban las movilizaciones del feminismo. Todas estas reivindicaciones se vieron atravesadas por peticiones sectoriales y por reclamaciones de mayor democratización del sistema político.

Con posterioridad, otros movimientos sociales se encargaron de alimentar este deseo de modernización social y política: ecologistas, pacifistas, antimilitaristas. Sin olvidarnos de la presión que fuertes movimientos nacionalistas existentes en diferentes partes de España ejercían sobre el centro para alcanzar una mayor autonomía, y la persistencia de grupos que continuaban utilizando métodos violentos y practicando acciones de carácter terrorista.

En este contexto surge la investigación La sociedad imaginada. Movimientos sociales y cambio cultural en España que recoge la evolución de los movimientos sociales a lo largo de las últimas décadas, su impacto en las estructuras de la sociedad y las transformaciones internas de asociaciones, grupos y organizaciones resultado tanto de su éxito como de los cambios acontecidos en la sociedad.

A lo largo de nueve capítulos se reflexiona sobre cómo ha cambiado la reflexión teórica sobre la acción colectiva y los movimientos sociales, con el declive de algunos enfoques y la emergencia de otros nuevos, las transformaciones de la movilización en tres generaciones de activistas, la primera que se socializó en los años del franquismo y la última que pertenece a un mundo interconectado a través de Internet y de las redes sociales. Además de las características de los activistas, nos ocupamos de las formas de participación, del tipo de acciones llevadas a cabo, de los procesos y modelos de movilización, de la construcción de la identidad colectiva y de los conflictos sociales, de la organización y del funcionamiento de los movimientos, de su relación con partidos políticos, el estado, los medios de comunicación y su impacto en la sociedad en términos de cambios culturales.

El islam en las movilizaciones del mundo árabe

juan josé tamayo - 15 de marzo de 2011

En los últimos meses vienen produciéndose movilizaciones populares espontáneas e irrefrenables en todo el mundo árabe contra regímenes autócratas y monarquías absolutistas en defensa de la democracia y del Estado de derecho. En la mayoría de los casos son movilizaciones pacíficas, con una importante participación de la juventud y de las mujeres y el apoyo de las redes sociales, factor fundamental para el éxito. A excepción de Libia donde su líder Muamar el Gadafi, lejos de atender a las legítimas reivindicaciones  ha recurrido a los mercenarios y a la violencia desmesurada para atacar a la población civil.

Un fenómeno positivo es la ausencia de las organizaciones terroristas, especialmente de Al Qaeda, para quien las revueltas populares han supuesto un duro golpe, ya que en apenas dos meses han conseguido más logros que en los 20 años de terrorismo y las reivindicaciones de los manifestantes.

¿Qué papel están jugando el islam y los partidos islamistas en esta revolución? El protagonismo le corresponde ciertamente a la sociedad civil que se ha movilizado espontáneamente en defensa de su dignidad humillada durante décadas. La presencia del islam ha sido discreta y siempre en apoyo de las reivindicaciones populares. Los partidos islamistas, prohibidos en varios países, y sus líderes, algunos en el exilio, están remando con el pueblo en dirección a la democratización de los estados árabes y se declaran abiertamente defensores de la islamización de las sociedades árabes y de los estados, y a favor de su laicidad.

En este contexto mi libro Islam. Cultura religión y política adquiere especial relevancia. Publicado en Trotta en 2009, cuenta con varias ediciones y ha sido acogido muy positivamente en el mundo académico y por la crítica dentro y fuera del islam. Ampliamente difundido en los países de habla castellana, está siendo traducido al árabe, inglés y francés, lo que facilitará su lectura en los países donde se hablan dichos idiomas.

El libro da a conocer el islam en su triple dimensión, como cultura, religión y política, con objetividad, equilibro y sentido crítico, huyendo de formaciones y estereotipos, desde el punto de vista histórico (Muhammad, hitos más importantes del islam, el islam en España), teológico (monoteísmo, Corán, pilares del islam), jurídico (Shari’a) y sociológico (islam y derechos humanos, las mujeres en el islam, tendencias actuales), con una doble propuesta que creo creativa  e innovadora: a) la lectura del Corán en el horizonte de los derechos humanos y desde la perspectiva de género y b) la elaboración de una teología-islamo-cristiana de la liberación.

¿Hacia dónde avanza el islam? Resulta difícil saberlo. Es más lo que desconocemos que lo que conocemos. Y hacer profecías siempre es arriesgado. Pero, a tenor de los nuevos climas culturales que se viven en las regiones con presencia de la religión islámica, incluido occidente, el libro apunta algunas líneas de futuro que creo  irán consolidándose en adelante y que resumo en las siguientes:

- Ruptura de la uniformidad y apertura al pluralismo en todos los campos, como sucede en otras religiones.

- Carácter cada vez más residual y pérdida de influencia de las organizaciones terroristas que se autodefinen de inspiración musulmana.

- Políticamente, tendencia hacia la creación de Estados no confesionales y de un demo-islamismo que defiende la laicidad del Estado, el pluralismo político, la separación entre religión y política,

- Culturalmente, integración e inculturación del islam en los diferentes escenarios geoculturales: chino, indio, sudeste asiático,  iraní, turco, árabe, euroislam, etc.

- Teológicamente, se consolidan tres de las tendencia más creativas: reformismo, feminismo islámico y teología de la liberación

- Filosóficamente: pensamiento crítico y dialéctica-diálogo crítico y autocrítico entre identidad árabo-musulmana y modernidad.

El libro está construido desde la convicción de que el futuro de la humanidad no puede construirse contra, por encima o al margen del islam, sino en diálogo crítico con él.