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En la muerte de Stefano Rodotà

Tras el reciente fallecimiento de Stefano Rodotà, reproducimos a continuación las palabras que Antonio Baylos, catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social en la Universidad de Castilla La Mancha y director del instituto de investigación universitario Centro Europeo y Latinoamericano para el Diálogo Social, ha querido dedicar a través de su blog (Según Antonio Baylos...) a este importante jurista y político italiano.

por Antonio Baylos

Miércoles, 28 de junio de 2017

 

Stefano Rodotà ha fallecido el 23 de junio de este año a la edad de 84 años. Era un jurista y un estudioso que nos acompañó durante mucho tiempo, iluminando el campo del derecho concebido como un espacio de lucha, de conflicto. La lucha por los derechos, el derecho a tener derechos, como se denomina su última obra traducida al castellano y publicada por la editorial Trotta, era una noción inseparable de su persona.

 

La nota de presentación de este último libro dice mucho de lo que Rodotá ha ido construyendo en su crítica del mundo de los derechos.  “En el mundo globalizado de hoy la histórica apelación a la «lucha por el derecho» se conjuga como lucha por los derechos. Una innegable necesidad de derechos se manifiesta por doquier, desafiando cualquier forma de represión. Ya no son solo derechos que extraen su fuerza de una formalización o de un reconocimiento desde lo alto, sino derechos que germinan en la materialidad de las situaciones fuera de los ámbitos institucionales acostumbrados, en lugares de todo el mundo que son «ocupados» por hombres y mujeres que reclaman el respeto por su dignidad y por su misma humanidad”. Lo que significa que “esta nueva llamada a los derechos fundamentales supone una mutación en la naturaleza de la ciudadanía. Nuevas modalidades de acción y nuevos actores se contraponen a la supuesta ley natural del mercado y a su pretensión de incorporar y definir las condiciones para el reconocimiento de los derechos. El «derecho a tener derechos» construye así un modo distinto de entender el universalismo, haciendo hablar el mismo lenguaje a personas alejadas entre sí y poniendo en marcha una revolución de los bienes comunes”.

 

Stefano Rodotà era calabrés, y como jurista se especializó en el derecho privado. Su análisis del derecho de propiedad – el terrible derecho, como lo calificó – le permitió investigar sobre los bienes inmateriales y el conocimiento como objeto de la propiedad, el problema de los derechos de propiedad, los derechos de las personas en internet, la privacidad y la intimidad ante el hecho tecnológico y su control por el propietario del mismo. Pero fundamentalmente su aportación más conocida es la que se despliega en torno a los derechos y a la teorización de una ciudadanía basada en la biopolítica que la Constitución puede y debe amparar. Su actividad académica se compaginaba con un compromiso serio por la democratización de la sociedad y el rescate de las clases subalternas de la situación de violenta sumisión a los poderes privados y públicos. Durante muchos años fue el editor de la emblemática revista, publicada por Il Mulino, que en su título explicaba el objeto de sus análisis, Política del diritto, en donde las contribuciones publicadas seguían esa línea de trabajo: elaborar políticas del derecho que incidieran en ese campo de lucha y fueran construyendo paulatinamente, tanto una masa crítica respecto del tipo de pensamiento jurídico dominante, como un cambio de orientación de los valores y de los objetivos de la acción normativa y de los procesos de producción de reglas vigentes en la sociedad.

 

Es más conocido su compromiso político, al integrar, como independiente en las listas del PCI, las candidaturas para la elección de diputados. En la necrológica que de él ha hecho Luciana Castellini, recuerda que Rodotá no tenía la cultura política del PCI ni la de los miembros de Il Manifesto, pero que era un magnífico jurista democrático de izquierdas. “Siempre lo hemos considerado un camarada, en el sentido más pleno que se le pueda dar a esta palabra”. Su compromiso con el PCI lo renovó luego con el PDS, y posteriormente con el PD, destacándose en la oposición a los sucesivos gobiernos Berlusconi. Colaboró con otras muchas iniciativas, siempre en el área política y cultural de la izquierda, y Castellini resalta especialmente la creación, en 1980, antes de que se desarrollara la crisis del craxismo y de la primera república, de la revista Pace e Guerra, como consecuencia de un manifiesto firmado por Claudio Napoleoni y Lucio Magri,  un intento de expresar un espacio de encuentro entre la izquierda socialista, comunistas críticos del PCI y del área de la llamada “nueva izquierda”, centrada en el PdUP. De cuya revista fue director, con Napoleoni, Castellini y luego Notarianni, aunque el resultado de este experimento cultural fracasara ante la deriva craxiana y el desentendimiento incómodo del PCI.

 

En los últimos tiempos, su figura cobró un protagonismo espectacular, tanto por su oposición a la orientación política del nuevo secretario general del Partido Democrático y presidente del Consejo de ministros, Matteo Renzi, que culminó con su intensa participación por el No en el referéndum que finalmente triunfó, haciendo dimitir al presidente del gobierno, como por la candidatura a la Presidencia de la República que promovieron el SEL, algunos grupos de izquierda y el propio Movimiento 5 Estrellas (M5S), para sustituir a Giorgio Napolitano tras su renuncia en enero de 2015. Sin embargo, la oposición del Partido Democrático a esta propuesta – que fue unánimemente criticada desde la izquierda social y política – impidió su nombramiento, y con ello, pese a los limitados poderes que tiene el Presidente de la República en Italia, se impidió que pudiera haber actuado de manera decidida en la defensa de la democracia real en el país y en el impulso de la izquierda política.

 

Una pérdida significativa, por tanto, de quien nos ha acompañado tantos trechos del camino. Releer hoy su último libro es el mejor homenaje que se puede hacer a su memoria, enarbolando en efecto el derecho a tener derechos como la cualidad fundamental de una ciudadanía democrática. 

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