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EDITORIAL TROTTA

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A vueltas con la Biblia

Guadalupe Seijas nos habla en este artículo sobre la presencia de la violencia en la Biblia y la necesidad de conocer bien el significado de sus textos para evitar manipulaciones. Es doctora en Filología Semítica, profesora titular del Departamento de Estudios Hebreos y Arameos de la Universidad Complutense de Madrid y directora de la obra Historia de la literatura hebrea y judía (Trotta, 2014).

Con motivo de los lamentables acontecimientos que han conmocionado recientemente nuestra sociedad han aparecido en la prensa numerosos artículos sobre la violencia en las religiones y, más en concreto, sobre la violencia en la Biblia. Hay quien escribe a partir de lo que aprendió en su etapa educativa en colegios religiosos. Hay quien entresaca en el texto bíblico, seleccionando de aquí y allá los versículos que mejor sostienen una u otra postura, hasta el punto de que parece que a la Biblia se le puede hacer decir casi cualquier cosa. A mi entender, en general se carece de un conocimiento elemental de su peculiaridad y especificidad. Porque la Biblia no es un libro sino una colección, una antología de obras escritas en épocas distintas, que traslucen inquietudes y problemáticas muy diversas y que arrastran una compleja historia de composición y redacción.  Los versículos o fragmentos se leen aislados, separados del contexto en el que aparecen y desligados de los que les precede y de lo que les sigue. Se obvian los destinatarios a los que estaban dirigidos y el trasfondo en el que fueron pronunciados o compuestos. De esta manera, conocer el sentido originario de los textos se convierte en una tarea prácticamente imposible.

 

Además, se leen con la mirada de un lector del siglo XXI, sin tener en cuenta la mentalidad ni las preocupaciones propias del  Próximo Oriente antiguo de las que, en gran medida, se hace eco la Biblia. Se leen al pie de la letra, dejando relegadas cuestiones literarias como los elementos propios de los géneros utilizados, las convenciones o escenas tipo, las metáforas, las imágenes o el empleo del paralelismo, por mencionar algunas de ellas. 

 

Por último es necesario reivindicar la lectura de la Biblia hebrea desde sí misma. Este es uno de los objetivos de la reciente publicación, en esta editorial, de Historia de la literatura hebrea y judía. Para los cristianos, la Biblia es la suma del Antiguo y del Nuevo Testamento, siendo este último el culmen de la revelación, por lo que el Antiguo Testamento es leído a la luz del Nuevo. Pero debemos recordar que el Antiguo Testamento, esto es, la Biblia hebrea, eran las escrituras sagradas del pueblo judío. Por tanto, deben estudiarse con independencia de los textos cristianos si queremos averiguar su significado primigenio.

 

No se puede negar que hay violencia en las páginas de la Biblia ni que el dios bíblico se presenta, en ocasiones, como un dios violento, celoso e intolerante. Pero no es menos cierto que el dios de Israel también es un dios cercano, que cuida de su pueblo y  perdona sus culpas. Es más, este dios también extiende su bendición a las demás naciones. Los diversos rostros de esta divinidad nos muestran un personaje polifacético, con muchos matices, y difícilmente clasificable. Pero para entender la violencia de estos textos es necesario profundizar en ellos con rigor.

 

Es recurrente la mención de la ley del talión como ejemplo de una normativa aberrante y anacrónica. Sin embargo, en su época fue un avance significativo –y así también aparece en el código de Hammurabi y en otros códigos–  al vincular los castigos al principio de reciprocidad. La víctima es resarcida de manera proporcional al daño recibido. No obstante, esta ley sólo se aplicaba en determinados casos como accidentes graves. La sección legal en la que aparece esta norma recoge muchos supuestos en los que se legislan otro tipo de medidas como compensaciones de carácter económico o la libertad en el caso de esclavos.

 

En el libro de Deuteronomio se insiste en el exterminio de los pueblos que habitaban en Canaán –jebuseos, hiwweos, perezeos, etc. cuando los israelitas se establecieron allí, tras la salida de Egipto. Sin embargo, estos pasajes intolerantes y crueles con respecto al «otro», fueron escritos con posterioridad a los hechos narrados, proyectando en ellos la enseñanza que el pueblo de Israel había extraído de su experiencia histórica. A saber, que el exilio de Babilonia era la consecuencia del pecado de idolatría cometido contra su dios y que, evitando el contacto con los pueblos extranjeros, se eliminaba el riesgo de dar culto a otros dioses.

 

Son solo un par de ejemplos que ilustran la necesidad de leer la Biblia desde otra perspectiva y desde otras claves interpretativas, que reclaman otra forma de acceder a su significado para evitar la manipulación a la que se ve sometido tan frecuentemente este magnífico corpus de libros que es la Biblia.

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