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Este 14 de marzo ha muerto en su casa de Starnberg Jürgen Habermas, el último gran representante de una larga tradición del pensamiento filosófico alemán. Y probablemente también el último intelectual público, una especie en peligro de extinción. En ocasiones sus libros abrumaban por la inmensa cantidad de conocimientos y por su complejidad, pero en ellos acuñó y difundió conceptos que ya son parte del uso común, del lenguaje de nuestras democracias, como «patriotismo constitucional», «inclusión del otro», «constelación posnacional», «discurso libre de dominación», «colonización del mundo de la vida» o «transformación estructural de la esfera pública».
En España, los escritos de Habermas despertaron un interés notable y sostenido en el tiempo, ejerciendo una fuerte influencia intelectual no solo en los círculos académicos, sino también en amplios sectores de la esfera pública, algo sorprendente teniendo en cuenta su complejidad y su carácter más bien técnico. Su tesón por encontrar «soluciones prácticas para el impulso de la democracia presente y futura» fue reconocido públicamente en 2003 con nuestro mayor galardón, el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales.
A partir de mediados de la década de 1970, coincidiendo —y no por casualidad— con la reinstauración de la democracia, el pensamiento de Habermas comenzó a ser objeto de examen en congresos y seminarios universitarios hasta convertirse al poco tiempo en referencia prácticamente obligada en diversas disciplinas. Aunque los motivos son, en un principio, más bien mundanos, lo cierto es que los profundos cambios que por entonces se registraban en la sociedad española fueron el caldo de cultivo que estimuló no solo la traducción y la lectura, sino también la crítica y los prolijos comentarios de su obra. En noviembre de 1984, pronunció en Madrid, en el Congreso de los Diputados, una conferencia titulada «El fin de una utopía». Como él mismo reconoció, esa fue la primera vez que tuvo el honor de hablar ante el Parlamento de algún país.
En sus textos los lectores españoles han encontrado elementos que sintonizan constructivamente con los cambios acaecidos en su propia sociedad y en el mundo. Como argumento de autoridad o como referencia a rebatir, Habermas se ha hecho habitual en la filosofía y en la teoría social pensada y escrita en español.
En los medios de comunicación propiamente dichos la presencia de Habermas ha sido también considerable. Así, por aducir un ejemplo significativo, el periódico español con mayor circulación, El País, ha publicado casi una veintena de artículos suyos y le ha realizado numerosas entrevistas. En ese mismo periódico son innumerables los artículos de opinión —e incluso editoriales— con referencias directas a sus ideas.
En el proceso de difusión de la obra de Habermas en España, hay una fecha destacada: otoño de 1981, cuando se produce su primer viaje oficial a nuestro país. No intervino en ningún congreso, sino en destacados foros académicos organizados ad hoc: en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense, donde ofició como anfitrión José Vidal-Beneyto, y en la Facultad de Filosofía de la Universidad Autónoma de Madrid, donde fue acogido por Manuel Garrido. Aunque la asistencia fue absolutamente masiva, la gran mayoría de los que le escucharon —como yo mismo, por entonces un bisoño estudiante del primer curso de Filosofía en la Autónoma— no sabían realmente de qué hablaba Habermas, pues apenas habían podido acceder a sus textos.
Durante ese viaje, por iniciativa de los dos anfitriones, se diseñó un metódico plan para poner remedio a esa situación y traducir al castellano las principales obras de Habermas, algo que las editoriales Taurus y Tecnos emprendieron con todo rigor y minuciosidad, labor que en las décadas posteriores fue proseguida por las editoriales Paidós y Trotta. En el catálogo de esta última se encuentran ahora una parte muy considerable de las obras de este autor imprescindible.
Su persona y su obra constituyen un capítulo insoslayable en el devenir del pensamiento occidental contemporáneo. Así ha sido leído en España y es de esperar que siga siendo así. Su muerte no es un punto final, pues deja un legado que otras voces tendrán no sólo que administrar, sino también que seguir enriqueciendo para ser fiel a la convicción de Habermas de que la Ilustración es siempre un proyecto inconcluso.
Como intelectual público brilló en un mundo en donde, como decíamos, esa figura está en peligro de extinción. Con un compromiso inquebrantable con los valores de la Ilustración, alzó siempre su voz en la esfera pública como conciencia moral de la sociedad. Nos deja ahora justo cuando más necesitábamos de sus poderosos argumentos: en favor siempre de la democracia, del proyecto de una Europa políticamente unida y de un orden mundial cosmopolita y basado en el derecho.
Juan Carlos Velasco es Profesor de Investigación del Instituto de Filosofía del CSIC. Es autor de Habermas. El uso público de la razón (2013). Su próximo libro aparecerá este mismo año en Trotta con el título Democracia sin fronteras. Jürgen Habermas y la constitución de un orden cosmopolita.